El bambú japonés: una historia sobre la paciencia y el esfuerzo diario

El bambú japonés: una historia sobre la paciencia y el esfuerzo diario
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Hoy, quiero compartir contigo una corta enseñanza que lleva por nombre «El bambú japonés».

Esta nos habla de la importancia que tiene la paciencia y el esfuerzo diario. Algo que anteriormente ya hemos tratado aquí. De hecho, habíamos dicho que la paciencia no tiene nada que ver con esperar, sino con el hecho de mantener una buena actitud mientras se espera y jamás detenerse. Pues bien, con esta historia vamos a reforzar ese concepto.

Sé que en estos tiempos, con todas las cosas que se observan y se viven a diario, cuesta tener paciencia. Y más aún, si nos hemos planteado metas, sueños, objetivos, y estos parecieran inalcanzables.

Sin embargo, te digo algo… no hay que buscar motivos para desistir. Todo lo contrario, hay que seguir adelante y ser constantes. Es por eso que, hoy te traigo esta corta reflexión que estoy seguro te motivará a continuar.

El Bambú Japonés

La metáfora del bambú japonés proviene de los sabios de la cultura Zen y nos hace recordar que para cumplir nuestros sueños, es necesario ser paciente, pero sobre todo, trabajar.

Dice así:

«No hace falta ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y buen riego. También es obvio que aquel que cultiva la tierra, no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada a gritar con toda fuerza: “¡Crece ya… te ordeno que lo hagas!”.

 

Pues bien. Hay algo muy curioso que sucede con el bambú, una planta no apta para impacientes.

 

Primero siembras la semilla, luego la abonas y por último, te ocupas de regarla constantemente.

 

Durante los primeros meses no sucederá absolutamente nada apreciable. En realidad, no pasará nada con la semilla durante los 7 primeros años. A tal punto que, un cultivador inexperto, estaría convencido de haber comprado semillas falsas o infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de solo 6 semanas, la planta de bambú crece más de 30 metros.

 

Cañas de bambú

 

¿Tardó solo seis semanas en crecer? La verdad, no.

 

Tomó 7 años y 6 semanas en desarrollarse.

 

Durante esos primeros 7 años de aparente inactividad, el bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después.

 

No obstante, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados. Sin entender que el éxito es simplemente el resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

 

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran resultados a corto plazo, abandonan súbitamente todo, justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

 

Es tarea difícil convencer al impaciente que solo llegan al éxito aquellos que luchan de forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creeremos que nada está sucediendo, y esto puede ser extremadamente frustrante.

 

En esos momentos, recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que, mientras no bajemos los brazos ni abandonemos todo por no ver el resultado que esperábamos, sí está sucediendo algo dentro de nosotros. En realidad, estamos creciendo y estamos madurando.

 

Quienes no se dan por vencidos, gradualmente van creando hábitos y el temple que les permitirá sostener su éxito cuando éste al fin se materialice.

 

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que nos exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. Un proceso que exige cambios, acción y grandes dotes de paciencia.

 

Por lo general, apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi, o nosotros mismos hacemos las cosas apurados, y la verdad, no se sabe bien por qué hacemos esto.

 

Asimismo, perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos. Abandonamos nuestros sueños. Nos generamos patologías que provienen de la ansiedad y del estrés. Y la pregunta es, ¿Para qué? ¿Para qué hacemos esto? ¿Qué ganamos con todo esto?

 

Trata de recuperar la perseverancia, la espera y la aceptación. Si no consigues lo que anhelas, no desesperes, quizás, solo estés cosechando raíces, por ahora».

El mensaje es claro: no te detengas.

Mira tus logros como si fuesen un árbol de bambú. Coloca toda tu energía en ellos, trabaja por ellos, y sé paciente. Eso sí, no desistas y mantente enfocado hacia donde quieres llegar.

Mujer entre hojas de bambú

Ya para finalizar, te recordamos que en este espacio tendrás varios talleres y cursos que te ayudarán con tu crecimiento personal y espiritual. Así que, ¿qué esperas? Suscríbete a ellos y sácales el máximo provecho.

Un saludito.

Por: Adrian Alberto ∼ reencontrate.com


Adrian Alberto

Redactor de contenido web e Ingeniero de Telecomunicaciones. Especializado en temas de crecimiento personal, tecnología e innovación digital.